El 20 D: Ahora qué.

Espacio de angel

El panorama político que nos ha quedado tras las votaciones del 20 D me lleva a pensar que no será posible la formación de gobierno, ni por la derecha ni por la izquierda.

Por la derecha, el motivo que lo impide, más allá de los números que arroja este lado del espectro político, es la falta de pretendientes que tiene el Partido Popular una vez que su príncipe azul se ha convertido en rana.

Por el lado de la izquierda, a pesar de que las cuentas sí que salen, el acuerdo  es imposible porque el llamado a liderar este pacto ha sido atrapado en una especie de fuego amigo que le impide sortear las líneas rojas que presenta el terreno de la negociación.

Lo que, en cambio, parece haber cobrado fuerza con la irrupción de las dos nuevas formaciones políticas es la necesidad de cambiar el sistema electoral para que…

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El 20 D: Ahora qué.

El panorama político que nos ha quedado tras las votaciones del 20 D me lleva a pensar que no será posible la formación de gobierno, ni por la derecha ni por la izquierda.

Por la derecha, el motivo que lo impide, más allá de los números que arroja este lado del espectro político, es la falta de pretendientes que tiene el Partido Popular una vez que su príncipe azul se ha convertido en rana.

Por el lado de la izquierda, a pesar de que las cuentas sí que salen, el acuerdo  es imposible porque el llamado a liderar este pacto ha sido atrapado en una especie de fuego amigo que le impide sortear las líneas rojas que presenta el terreno de la negociación.

Lo que, en cambio, parece haber cobrado fuerza con la irrupción de las dos nuevas formaciones políticas es la necesidad de cambiar el sistema electoral para que el resultado de las votaciones se ajuste lo máximo posible a la voluntad general.

No deberíamos dejar pasar esta oportunidad para propiciar este cambio, de cara a una posible segunda vuelta. Tal vez, la idea lanzada por el partido de Pablo Iglesias, de buscar un candidato independiente para la presidencia del gobierno, podría servir para propiciar una transición hacia una segunda vuelta, en el que un nuevo sistema electoral, que no premiara la concentración del voto, aclarara el escenario político hasta visualizar con facilidad una clara posibilidad de pacto bien hacia la izquierda bien hacia lo nuevo.

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La democracia y Podemos: un dilema entre la representación y la participación directa

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La Democracia Liberal o Representativa, es una fórmula de gobierno buscada por una serie de individuos que demandan una forma científica de gobierno con la que poder asegurar sus libertades civiles o negativas, con el mínimo de dedicación posible a esta tarea. Esta fórmula científica de gobierno consistirá en una forma de gobierno definida por el imperio de la ley y en la cuál, el cambio de gobierno dependerá del voto mayoritario. Profundizar en la democracia, desde esta visión de la sociedad y del gobierno, significará para el individuo moderno, frente al hombre social de las comunidades clásicas, garantizar al máximo que los gobiernos puedan ser despedidos por un voto mayoritario y no que cada vez más áreas de la vida social se sometan al control ciudadano, como demandan los últimos movimientos sociales surgidos tras la crisis financiera de 2008: el Movimiento 15M, Occupy Wall Street, la primavera árabe…

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La democracia y Podemos: un dilema entre la representación y la participación directa

La Democracia Liberal o Representativa, es una fórmula de gobierno buscada por una serie de individuos que demandan una forma científica de gobierno con la que poder asegurar sus libertades civiles o negativas, con el mínimo de dedicación posible a esta tarea. Esta fórmula científica de gobierno consistirá en una forma de gobierno definida por el imperio de la ley y en la cuál, el cambio de gobierno dependerá del voto mayoritario. Profundizar en la democracia, desde esta visión de la sociedad y del gobierno, significará para el individuo moderno, frente al hombre social de las comunidades clásicas, garantizar al máximo que los gobiernos puedan ser despedidos por un voto mayoritario y no que cada vez más áreas de la vida social se sometan al control ciudadano, como demandan los últimos movimientos sociales surgidos tras la crisis financiera de 2008: el Movimiento 15M, Occupy Wall Street, la primavera árabe, la primavera de Valencia y ahora Podemos.

Uno de los mayores engaños de esta democracia liberal consiste en hacernos creer que hacemos lo que queremos, que vivimos la vida que queremos o que tenemos la sociedad que queremos cuando, en realidad, lo que tenemos es algo que nos han impuesto. Y es que esta forma de organización del gobierno, representado por las democracias liberales nos permite elegir, ciertamente, pero entre una serie de opciones limitadas(entre las que puede estar Podemos) y que no son de nuestra autoría, porque en el ámbito político de las democracias liberales la libertad es impuesta; es decir, regulada mediante una serie de mecanismos técnicos (los sufragios programados) y por tanto, pasiva, sin influencia en las cosas importantes de la comunidad. Aquí se manifiesta la diferencia con la libertad creadora que encontramos en ese otro tipo que son las democracias participativas y por las que aparece abogar la nueva corriente política y social de Podemos:

“Los votantes en las democracias liberales son, en algún sentido, libres para votar a aquello, y a aquellos que ellos elijan, pero su voto no será efectivo a menos que ellos se unan a una de esas alternativas definidas por las elites políticas.”[1]

La democracia participativa, directa o Strong Democracy, es una forma política que conecta con el concepto ateniense de ciudadano, caracterizado por participar directamente en los asuntos de estado, ya sean de tipo judicial o legislativo, y hacerlo con el principio de la virtud cívica, es decir, con la determinación de subordinar los asuntos privados al del bien general.

Si esta es la forma de gobierno con la que se identifica el partido político Podemos más le vale cuestionar el artículo 6 de la CE que el 1, en el que parece haber encallado, quizá sin darse cuenta de que de esta manera no hace sino servir al sistema.

La democracia participativa lo que requiere es acabar con el sistema de partidos como manifestación de la voluntad general y como instrumento para la participación política; porque la democracia directa es la participación en política sin mediadores. No realizar este cambio representaría convertirse en una opción más de un sistema de juego en el que se juega con las cartas marcadas; un sistema de juego que no es de nuestra autoría.

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El contexto de racionalidad de la prevención de riesgos.

1.- La prevención de riesgos laborales: una práctica social con un bien interno que le es propio.
Este trabajo apuesta por un modelo psicosocial de la prevención, pero no como se viene apostando de forma habitual; es decir, con pequeñas correcciones en el modelo racionalista dominante, en la línea de tomar en consideración ciertos aspectos psicosociales como factores de riesgo, hasta ahora ignorados, sino como una auténtica y radical alternativa al actual modelo hegemónico que permita mejorar los niveles de protección con los que cuentan los trabajadores. Este cambio radical requerirá, como veremos, también del cambio de la cosmovisión dominante con la que comprendemos el mundo.
Este cambio con mayúsculas será necesario porque, a nuestro juicio, la prevención de riesgos laborales hay que entenderla como una práctica social, conformada por ciertos modelos de actuar y de pensar característicos, que incorpora también cierto tipo de bien interno que le es propio, la protección de la salud de los trabajadores.
La prevención de riesgos laborales se establece así como cierta actividad humana cooperativa que persigue cierta meta definida socialmente, y que es totalmente dependiente de su contexto de nacimiento. La consecuencia será que no nos podremos ocupar de la prevención de riesgos laborales sin ocuparnos al mismo tiempo de su contexto de racionalidad.
2. El contexto de racionalidad de la prevención.
Cuando nos referimos al contexto de racionalidad de la prevención lo que queremos decir es que la prevención de riesgos laborales, como cierto tipo de práctica social, es inseparable de cierto contexto de inteligibilidad conformado por cierta forma compartida de entender La Naturaleza, con mayúsculas, cierta forma de entender la racionalidad, cierta forma de entender el ser humano y cierta forma de entender la empresa.

La distinta manera de entender estos elementos que tienen las distintas cosmovisiones que se disputan actualmente su hegemonía, la cosmovisión mecanicista y la cosmovisión sistémica, redundará también en dos modelos diferentes e inconmensurables de entender la prevención de riesgos laborales:
1.- Un modelo hegemónico que llamaremos de forma abreviada, Racionalista y 2.- Un modelo alternativo, que llamaremos Psicosocial.
Decimos que estos modelos son inconmensurables, porque los integrantes de cada uno de ellos, cuando miran en la misma dirección, en realidad, ven cosas diferentes.
Esto ocurre porque los modelos son la fuente de los métodos empleados, de los problemas o riesgos de los que ocuparse y también de las normas aceptadas para su solución o control, así que optar por un modelo, en realidad, será optar por cierta forma de ver el mundo que condicionará todas nuestras formas de acción, también en materia de prevención de riesgos laborales.
3. El paradigma mecanicista.
De acuerdo a nuestra tesis el actual modelo racionalista de la prevención, que ya conviene arrumbar, será el resultado de entender La Naturaleza con el marco conceptual de un viejo paradigma mecanicista que ya no sirve para explicar una nueva realidad que se ha vuelto compleja y dinámica. De tal manera que apostar por otra forma de entender la prevención de riesgos laborales, como nosotros hacemos en este trabajo, será también apostar por otra manera de entender el mundo en la línea del pensamiento sistémico.
Nuestra idea es que los cuadros del pensamiento mecanicista son responsables de cierta tradición de prevención de riesgos laborales, todavía hegemónica, ajena a la perspectiva social que proponemos, que se puede rastrear en la historia en la manera en la que los países han legislado la cuestión de la seguridad y salud laboral y en la manera también, en la que los distintos modelos se han ocupado de investigar la accidentabilidad laboral, de la que nos hemos ocupado en otro trabajo y que por vocación de brevedad no lo haremos aquí.
La incorporación de estos cuadros del pensamiento mecanicista a la forma de entender el mundo, del que forman parte el ser humano y la empresa, será la causa de que la prevención de riesgos laborales se haya entendido desde los principios de una tradición racionalista que toca a su fin. La crisis empieza cuando esta tradición intenta mantener sus métodos, una vez que la percepción mecanicista del mundo ha perdido ya su vigencia; es decir, cuando la metáfora de la máquina y la racionalidad analítico-matemática ya no sirven para dar cuenta de la realidad con la que tiene que lidiar la prevención de riesgos laborales.
De esta manera, los problemas de la tradición racionalista de la prevención serán los problemas del paradigma mecanicista para dar cuenta de la realidad; es decir, para seguir manteniendo la idea de que la Naturaleza es un espacio geométrico, regido por las matemáticas, en el que acontece la vida, o que el ser humano y la empresa se pueden seguir explicando con la metáfora de la máquina. Problemas también de racionalidad para seguir manteniendo la creencia en la objetividad del conocimiento científico y en la existencia de una realidad que es independiente del sujeto que la conoce.
Estos principios ontológico y epistemológico de la cosmovisión mecanicista se han concretado en el campo de la prevención de riesgos laborales en una tradición racionalista que ha dominado todo el siglo XX y que ya conviene arrumbar. Si desde el punto de vista ontológico se pueden considerar los principios del mecanicismo y del atomismo los inspiradores de ciertos modelos organizacionales y preventivos que han integrado la tradición racionalista de la prevención, desde el punto de vista epistemológico podemos atribuir esta responsabilidad a la racionalidad analítica que ha dominado el proceder investigador y al realismo de las teorías científicas que tienen en su base.
4. La tradición racionalista de la prevención.
El estado de la cuestión es que estos cuadros del pensamiento mecanicista han conformado una tradición racionalista de la prevención de riesgos laborales que propone contar para la prevención y determinación del riesgo, únicamente con aquellos elementos de la realidad que pueden ser objeto de las ciencias clásicas como la física, la química o las matemáticas.
A nuestro juicio, hay toda una serie de características compartidas que dan unidad a los modelos teóricos que han dominado la prevención de riesgos laborales durante el siglo XX y que en su conjunto conformarán ese enfoque tecnocrático de la prevención de riesgos laborales que todavía hoy perdura, a pesar de las limitaciones que presenta para dar cuenta de la realidad laboral de la que se ocupa. Estas limitaciones vendrán de:
 La consideración del riesgo como algo objetivo.
 La consideración exclusivamente de los factores técnicos en la determinación del riesgo.
 La evaluación cuantitativa y analítica de los riesgos (puesto a puesto).
 La especialización del conocimiento experto, en unos pocos técnicos.
Para poder hacer frente a estas limitaciones del enfoque racionalista de la prevención, por no poder ocuparse de esa parte de la realidad que no puede ser traducida a lenguaje fisicalista, proponemos una cosmovisión diferente que sea capaz de integrar, en igualdad de condiciones, esa realidad escindida en dos, el mundo de la objetividad y el de la valoración, que ha provocado el paradigma mecanicista. Sin este giro copernicano, cualquier propuesta en el campo de la prevención de riesgos laborales, no será sino un cambio para que todo siga igual, al estilo Visconti.
5. El paradigma sistémico.
Es el pensamiento sistémico el que quiere abordar desde otra perspectiva una serie enquistada de ideas y valores característicos de la cosmovisión mecanicista: <>, <>, << la de la empresa como una organización burocrática y departamental>>, <> y <> que son fundamentales para entender la presencia de lo emocional y lo sociológico en el ámbito del conocimiento en general y de la prevención en particular.
El problema de los sistemas es esencialmente el problema de las limitaciones del proceder analítico que ha utilizado la ciencia moderna, el cual entiende que una entidad investigada debe ser resuelta en partes unidas a partir de las cuales puede ser reconstituida. Pero según la visión sistémica las propiedades esenciales de un organismo son propiedades del todo que ninguna parte posee; éstas emergen de las interacciones y de las relaciones entre las partes. Si bien podemos discernir partes individuales en todo sistema estas partes no están aisladas, motivo por el cual la naturaleza del conjunto es siempre distinta de la mera suma de las partes. Esto supone una crítica al método analítico cartesiano que ha constituido una característica esencial de la ciencia moderna y también una de sus limitaciones.
La ciencia del siglo XX ha revelado, sin embargo, que las propiedades de las partes no son intrínsecas sino que sólo pueden ser comprendidas desde un contexto mayor, provocando que la relación entre las partes y el todo haya quedado invertida, ahora se entenderá que las partes sólo se pueden comprender desde la organización del conjunto. La racionalidad se convierte así en contextual. Los sistemas se convierten en la unidad de análisis del nuevo paradigma, originando por un lado, que la Naturaleza se revele como un todo integrado más que como una discontinua colección de partes y por otro, que ésta se revele viva y no geometrizada, con la posibilidad lógica de aceptar la impredecibilidad y la libertad en su orden.
Esto significa que la racionalidad sistémica será inseparable de cierta forma de comprender la Naturaleza que transformará también la visión mecanicista del ser humano y de la empresa. La transformación consistirá en una nueva visión que entiende que todos los seres vivos son miembros de comunidades ecológicas, vinculados por una red de interdependencias sociales, laborales, familiares, etc. La consecuencia en la empresa será que ésta no se va a comprender como una máquina para hacer dinero, sino como una organización simbólica, con unos valores, que integrarán cierta cultura corporativa y que conferirán cierta identidad.
La cuestión en prevención es que para el prevencionista el mundo ha estado durante muchos años escrito con el mismo lenguaje matemático del que hablaba Galileo. Ahora, como hemos visto, la realidad con la que debe trabajar la prevención de riesgos ya no se percibe a la manera mecanicista, como un mero conjunto de elementos o factores de riesgo que pueden ser comprendidos de forma aislada y de los que se puede predecir su comportamiento, es decir, los daños que provocarán, por la aplicación de una serie de leyes universales. Ésta deberá, en cambio, entenderse como una serie de elementos o factores que interaccionarán entre sí y con el entorno para dar lugar a una realidad dinámica e impredecible, que no se puede reducir a la suma de los elementos que la componen:
“Esta visión integrada e integradora subraya que no tiene sentido una intervención enfocada exclusivamente a ninguno de los factores, ambientales o humanos, sin considerar el conjunto de los mismos. Los factores no actúan aisladamente; por el contrario puede entenderse que interactúan de modo complejo y por tanto, que no puede aislarse más que artificialmente la capacidad de intervención en un elemento.”
Una de las consecuencias de este cambio será que las empresas ya no se podrán entender como recintos cerrados, convenientemente parcelados y con un ambiente perfectamente estable, que permite predecir, con la utilización de algunos cálculos matemáticos, su comportamiento futuro en relación al riesgo. Ahora, las empresas son sistemas complejos de relaciones que necesitan estar abiertos, contar con su entorno para poder sobrevivir, así que el prevencionista tendrá que vérselas con ambientes de incertidumbre, imposible, en muchos casos, ser reducidos a un pequeño conjunto de variables mensurables y manipulables. Por otro lado, el ser humano tampoco podrá ser explicado ya con variables exclusivamente físico químicas, ni su acción entendida exclusivamente por referencia a sus preferencias personales. Ahora, el ser humano construye su identidad por referencia a las organizaciones sociales de las que forma parte y orienta su acción también, por referencia a los valores disponibles en la cultura en la que se integra. Esto quiere decir que la prevención de riesgos laborales no solo requerirá, conforme a la manera tradicional, de esa racionalidad limitante que proponen las ciencias naturales sino que a ésta habrá que añadirle además una racionalidad ético/social de más alcance, propia de las empresas con responsabilidad social, que incluya cierta percepción social del riesgo así como cierta percepción del conocimiento científico disponible para su limitación y control en niveles aceptables.
Cuando nos referimos a la percepción social del riesgo nos estamos refiriendo a cierto nivel de riesgo tolerable socialmente o lo que es lo mismo, a cierto nivel ético que debe de servir como referente para la protección y la seguridad que se dispensa a los ciudadanos de una comunidad.
6. El modelo Psicosocial de la Prevención
La perspectiva psicosocial trabajará la prevención de riesgos laborales desde ese contexto más amplio de relaciones sociales y organizacionales en la que tiene lugar la conducta de los trabajadores. Este enfoque holista de la acción permitirá incorporar en el campo de la seguridad y salud a los ya tradicionales factores técnicos, también los factores psicosociales arrumbados por los enfoques científicos tradicionales.
Esta perspectiva integradora propone entender la conducta de seguridad en la empresa, tanto la individual como la colectiva, como parte del comportamiento organizacional; es decir, mediada por la cultura corporativa y la percepción social del riesgo. Esto supondrá incorporar el cambio explicitado por la teoría de sistemas de la parte al todo, o lo que es lo mismo, la imposibilidad de explicar la conducta de los trabajadores sin referirnos al contexto más amplio que le confiere inteligibilidad, como la cultura empresarial y la percepción social sobre el nivel de riesgo aceptable.
Esta perspectiva holística de la acción que tiene en cuenta factores que van más allá de los estrictamente individuales, en el ámbito de la prevención de riesgos laborales, supondrá la inclusión de factores que como la organización, la comunicación o la motivación, habían sido hasta ahora ignorados por la ciencia mecanicista. La inclusión de estos elementos en la práctica de la prevención caracterizará el modelo psicosocial de la prevención que proponemos y será el resultado de los cambios que ha introducido el paradigma sistémico en el contexto de inteligibilidad de la prevención de riesgos laborales, al entender de otra manera la racionalidad, el ser humano y la empresa.
El cambio en el contexto de inteligibilidad de la prevención de riesgos laborales se concretará en la práctica preventiva en nuevas maneras de hacer y pensar que resumimos de la siguiente manera:
 La subjetividad y la percepción del riesgo cobran mayor protagonismo frente a la objetividad.
 Frente a la exclusividad de lo cuantitativo se incorpora también lo cualitativo de las situaciones de riesgo.
 Frente a la evaluación puesto a puesto que imponía la racionalidad analítica se apuesta por evaluar la respuesta global de seguridad de las empresas.
 Frente al conocimiento y control de los factores físicos del riesgo, se apostará por la cultura preventiva y la motivación, como condición de posibilidad de una respuesta preventiva autónoma.
 Frente a la comunicación unidireccional de los técnicos se apostará por la comunicación dialógica que tenga en cuenta la percepción del riesgo de los trabajadores.

Esta revisión de la prevención que plantea el modelo psicosocial es una cuestión ineludible para una sociedad como la actual, en la que el riesgo ha dejado de tener límites claros y de respetar fronteras, y en la que los conservadores planteamientos racionalistas de la prevención, centrados en valores límite y en escenarios convencionalmente estables, debían, en aras de la mejora, ser ampliados con un punto de vista ético de la responsabilidad social que articulara cierta respuesta global de seguridad (de gobiernos, sociedades y de empresas), entendida como parte de cierta cultura preventiva de la responsabilidad que se ocupe de lo impredecible.
La cuestión es que ha aparecido un nuevo contexto de inteligibilidad de la prevención de riesgos laborales que requerirá nuevas definiciones y nuevos conceptos, y no solo pequeñas modificaciones. Las definiciones estadístico/probabilísticas del riesgo, hasta ahora tan habituales, deberán ser sustituidas por otras definiciones socioculturales que entiendan el riesgo como un producto sociocultural y por tanto, histórica y socialmente dependiente. La conceptualización realista y objetiva del riesgo, omnipresente en las teorías mecanicistas, deberán ahora ser sustituidas por una concepción hermenéutica, compatible con las distintas formas de percibir el riesgo; porque todos los conceptos sociológicos y antropológicos de riesgo que se han desarrollado al hablar de la percepción del riesgo tienen en común, la noción de que los seres humanos no percibimos el mundo como es, sino mediado por nuestra forma de conocer, la cual incluye elementos como valores, emociones, prejuicios, etc., hasta ahora ignorados.
La aparición del riesgo como un constructo social unido a la complejidad del medio actual (formado por empresas multinacionales, mercados globalizados, gobiernos supranacionales, peligros mundiales, etc.), altamente dinámico y enredado, con el que tiene que lidiar la tarea de la prevención harán del tradicional abordaje legal y científico que realizan empresas y gobiernos, una estrecha e insuficiente aproximación a la prevención, centrada en sanciones, factores técnicos y evaluaciones puesto a puesto, que ha tenido que ser revisada.
Agradecimientos
Una versión preliminar de este artículo se presentó en el congreso ORPconference 2014
Referencias Bibliográficas
1. Beck, U., La sociedad del riesgo: Hacia una nueva modernidad, Paidós, Barcelona, 1998. Trad. Jorge Navarro, Daniel Jiménez y Rosa Borrás. ISBN: 84-493-0406-7
2. Meliá Navarro, J.L., El factor humano en la seguridad laboral. Psicología de la Seguridad y Salud Laboral, Lettera Publicaciones, SL, Bilbao, 2007. ISBN: 978-84-611-6438-7
3. MacIntyre, A., Tras la virtud, Crítica, Barcelona, 1987. Trad. Amelia Valcárcel. ISBN: 84-7423-335-6
4. Kuhn, T.S., La estructura de las revoluciones científicas, Fondo de Cultura Económica, Madrid, 1997. Trad. Agustín Contín. ISBN: 84-375-0046-X
5. Luhmann, N., Sociología del riesgo, Universidad Iberoamericana, A. C., México, 2006. Trad. Silvia Pappe, Brunhilde Erker y Luis Felipe Segura. ISBN: 968-859-628-O

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La prevención de riesgos laborales y el principio ético de la precaución.

1.                La prevención de riesgos laborales, una cuestión primeramente ética.

La tesis principal de esta reflexión consiste en entender que la prevención de riesgos laborales es, a nuestro juicio, una cuestión primeramente ética, la preocupación por la seguridad y salud de los miembros de la comunidad que se ocupan en tareas productivas, pero la realidad es que con el paso del tiempo esta preocupación ha devenido,  por motivos económicos y otros, casi exclusivamente en una cuestión técnica. En apoyo de esta tesis nos encontramos con las primeras legislaciones sobre el tema relacionadas, sobre todo, con cuestiones como el trabajo infantil, las largas jornadas laborales o la miseria de la clase trabajadora, de la que se ocupó el primer socialismo.[i]

Nuestro objetivo en este trabajo es por lo tanto, acercarnos al tema de la seguridad y la salud laboral con una mirada un tanto diferente a la que podemos encontrar, de forma generalizada, en manuales, planes y foros que tratan de estos temas. Por diferente entenderemos un enfoque de la prevención que tenga en cuenta además de valores científicos, valores de tipo social y cultural, olvidados por la tradición racionalista dominante y que, a nuestro juicio, compadecen mejor con esa nueva realidad compleja de hoy en día, conformada por empresas multinacionales, instituciones políticas supranacionales, mercados globalizados y riesgos manufacturados que escapan al control de la ciencia.

La sociedad actual se diferencia, en relación al riesgo, de las sociedades tradicionales en haber producido un tipo de riesgo manufacturado altamente impredecible: “El riesgo manufacturado es un riesgo creado por la progresión misma del desarrollo humano, especialmente por la progresión de la ciencia y la tecnología.”[ii]Este tipo de riesgo que acompaña a las nuevas tecnologías o formas de hacer, es difícilmente medible y controlable a partir de los cálculos probabilísticos con los que se aborda tradicionalmente la prevención y lo que queda, es únicamente cierto nivel social de aceptación del riesgo, establecido tras cierta evaluación de coste beneficio, en la que debería contar y no lo hace, el componente ético de la cuestión.

En esta situación de incertidumbre, creada más por los riesgos que ha manufacturado el ser humano que la Naturaleza, será el tipo de empresas que incorporan la responsabilidad social, en sus procesos de planificación estratégica, más que aquellas que aparecen como autistas en esta cuestión, las que puedan tomar en consideración además de las tradicionales estrategias científicas la responsabilidad que necesita un mundo que ha sido desencantado de la ciencia, sobre todo, desde que el anarquismo científico elevara sufamoso todo vale a categoría de conocimiento.[iii]

Mucho se ha escrito y hablado de la relación entre la ética y la empresa, sobre todo, de su influencia en balances, cuentas de resultados o rentabilidades en general. En este debate a nadie sorprende hoy en día que hayan sido las teorías que entienden como rentable la inclusión de la cuestión ética en la actividad empresarial, las que hayan triunfado frente a aquéllas otras que entienden que ética y empresa son cosas incompatibles, algo que los lingüistas definirían como un oxímoron.

Mientras se ha hablado y debatido profusamente de esta relación, poco o nada se ha hablado de la relación entre ética y seguridad y salud laboral, un aspecto que preocupa a las sociedades en relación directa a la talla moral que han alcanzado y a las empresas, en relación directa a su responsabilidad social, a su ciudadanía. Unos malos resultados en materia de seguridad y salud laboral pueden acabar con la suspensión de la actividad empresarial bien por la vía de la legalidad, por algún incumplimiento, bien por la vía de la moralidad, por la pérdida de la confianza y el prestigio social;  si bien es cierto, que en los últimos años es esta última vía la que parece haber tomado la delantera.

La sociedad española parece haber alcanzado la talla moral de las sociedades que demandan a las empresas que en materia de seguridad laboral vayan más allá de lo que contempla la ley, por ser este comportamiento totalmente insuficiente: “La protección del trabajador frente a los riesgos laborales exige una actuación en la empresa que desborda el mero cumplimiento formal de un conjunto predeterminado, más o menos amplio, de deberes y obligaciones empresariales y, más aún, la simple corrección a posteriori de situaciones de riesgo ya manifestadas.”[iv]

Es esta aparente talla moral de la sociedad española, recogida en la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, la que nos anima a plantear en el presente trabajo, al menos, dos ideas para la reflexión:

1.- La primera, será aquélla que entiende lo insoslayable de la cuestión ética en el tema de la prevención.

2.- La segunda, será aquella que entiende la necesidad de que esta cuestión sea abordada desde una perspectiva diferente a la que viene siendo habitual, habida cuenta la globalización del riesgo y la desconfianza en el conocimiento científico que se ha instalado en la actual sociedad del riesgo.[v]

 Por perspectiva diferente en prevención de riesgos laborales estamos entendiendo aquella que tiene en cuenta además de consideraciones científicas al estilo de magnitudes matemáticas o probabilidades estadísticas, también cuestiones de tipo social, al estilo de cierta percepción social del riesgo aceptable. Cuando nos referimos a la percepción social del riesgo nos estamos refiriendo a cierto nivel de riesgo tolerable, o lo que es lo mismo, a cierto nivel ético que debe de servir como referente para la protección y la seguridad que se dispensa a sus ciudadanos. De esta forma, el punto focal de la seguridad y la salud laboral lo vamos a encontrar en una ética social, más amplia, vertebradora de cierta percepción social del riesgo que se trasladará a la empresa en virtud de cierta cultura corporativa, que recibirá el nombre de responsabilidad social. [vi]

A pesar de este escenario, es la tradición racionalista de la prevención, sustentada en las ficciones útiles de la seguridad y el control, la que mantiene su hegemonía en la actualidad, a nuestro juicio, ignorando que la realidad ya no se puede entender a la manera mecanicista, con la analogía de la máquina y la racionalidad matemática, y de la existencia de riesgos que como el cambio climático, las lluvias radiactivas, la contaminación atmosférica o los efectos de los campos de ondas electromagnéticas, entre otros, son apenas predecibles con los modelos matemáticos disponibles.

Quizá muchas personas no sepan que la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), de la OMS, ha clasificado los campos electromagnéticos de radiofrecuencia; es decir, las que producen los móviles, como posiblemente carcinógenos para los seres humanos (grupo 2B), categoría que se utiliza cuando se considera que una asociación causal es creíble. Pero no nos debemos extrañar por la falta de medidas preventivas adoptadas para controlar este factor de riesgo ya que la tradición racionalista de la prevención trabaja con una causalidad fuerte, que impide que se puedan tomar medidas preventivas sobre factores de riesgo que demuestran su potencial dañino a largo plazo.

Un ejemplo paradigmático de este comportamiento preventivo lo podemos encontrar relacionado con la regulación del amianto que tardó más de 20 años en ser prohibido, desde que en los años 70 se estableciera la relación causa-efecto entre el amianto y el cáncer de pulmón (en el año 1978 fue establecida por el parlamento europeo). Europa prohíbe su uso en el año 1999 y da de plazo hasta el 2005 a los países miembros para su implementación. En España, en 1961 se fija un exposición máxima de 175mg/m3 que fue progresivamente reduciéndose (10 fibras /m3, en 1982, 0.6 fibras/m3, en 1993) hasta su completa prohibición en el año 2002. La consecuencia de esta política preventiva es que en los próximos 35 años según estudios de la OIT, morirán en el mundo unas 100.000 personas al año por cánceres producidos por la exposición al amianto. Los datos para España es que se producirán anualmente unas 2.300 muertes asociadas al amianto, bien por mesotelioma o por cáncer de pulmón, que sumarán unas 50.000 en los 35 años que van de 1995 a 2030.[vii]

El principio de Precaución

Nuestra propuesta consiste en sugerir que algunas de estas muertes se hubieran evitado si en vez de esa causalidad fuerte con la que trabaja la ciencia de la prevención se hubiera aplicado el principio de precaución en relación a la salud de los trabajadores. Este principio establece que cuando una actividad representa una amenaza para la salud de las personas se deben tomar ciertas medidas, incluso aunque no se haya probado científicamente la relación causa efecto. Pero habría que preguntarse ¿qué es lo que ha impedido que se aplicara antes, en relación al amianto, y ahora, en relación a los campos de ondas electromagnéticos, el principio de precaución?[viii]

Evidentemente, la prevalencia social de la ciencia sobre la ética es lo que ha impedido y sigue impidiendo que el principio de precaución pueda ser invocado. En ocasiones la argumentación es que la invocación de este principio representa un freno a la innovación, como si en aras de ésta se pudieran sacrificar vidas.

Lo que pone esto de manifiesto es que la actual sociedad del riesgo aparece así atrapada entre un riesgo manufacturado totalmente desbocado, imposible de medir y controlar adecuadamente (como Fukushima o la contaminación ambiental- elevada por la AIRC al Grupo 1 de los factores de riesgo en relación a la producción de cáncer) y una tradición racionalista de la prevención que entiende el riesgo como una medida de reducción de esa indeterminación; como el dispositivo de racionalización, cuantificación y control del azar. Es a nuestro juicio, en los intersticios de esa extraña combinación de indeterminación y racionalismo con la que tiene que lidiar la prevención en la que encontrarán acomodo perfecto los valores éticos de la responsabilidad y la precaución.  Valores que se hacen necesarios porque el ideal de progreso ilimitado que alimentó la modernidad ha devenido en un correlativo y desproporcionado aumento del riesgo que la ciencia ha sido incapaz de controlar, a pesar de haber inventado un considerable número de ficciones útiles, al estilo de los unicornios, para lograrlo (valores límite, distancias de seguridad, tiempos de exposición, pruebas de estrés- referidas a las centrales nucleares, etc.). Estas ficciones proporcionan una apariencia de control del riesgo al estilo que lo hacen los controles en los aeropuertos.

 

[i] El parlamento inglés reglamentó el trabajo en las fábricas con la Ley sobre la Salud y Moral de los Aprendices (1802), por la que se limitaba la jornada de trabajo y se establecían disposiciones mínimas para la higiene y la salud de los trabajadores. En Francia, se promulgó una ley que regulaba el trabajo de los niños (1841) y que prohibía trabajar a los menores de ocho años. También en Inglaterra, el reformador social, Edwing Chadwick, impulsará la Comisión que dio lugar al estudio conocido como Informe sobre las condiciones sanitarias de la población obrera en Gran Bretaña (1842), que pondría las bases para posteriores actuaciones ambientales en otros países.

[ii] Giddens, A., Sociedad de riesgo: el contexto de la política británica, en Frankling, J. (ed.), The Politics of Risks Society, Oxford, Blackwell, p. 522. Trad. Lucrecia Orensanz.

[iii] CF. Feyeraben, P., Against method: outline of an anarchistic theory of knowledge, New Left Books, Londres, 1975.

[iv] Ley de Prevención de Riesgos Laborales. Exposición de motivos. 31/95.

[v] CF. Beck, U., La sociedad del riesgo: Hacia una nueva modernidad, Paidós, Barcelona, 1998. Trad. Jorge Navarro, Daniel Jiménez y Rosa Borrás.

 

[vi] “En la modernidad avanzada, la producción social de riqueza va acompañada sistemáticamente por la producción social de riesgos. Por tanto, los problemas y conflictos de reparto de la sociedad de la carencia son sustituidos por los problemas y conflictos que surgen de la producción, definición y reparto de los riesgos producidos de manera científico-técnica.” Beck, U., La sociedad del riesgo: Hacia una nueva modernidad, op. Cit. p. 25.

[vii] Secretaría de Salud Laboral, de Comisiones Obreras,  El amianto hoy. Retos tras la prohibición, CCOO de Madrid, M-16122-2011.

[viii] A nivel internacional, el primer reconocimiento del principio de precaución se remonta a la Carta Mundial de la Naturaleza aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1982. Posteriormente fue recogido en distintos convenios internacionales sobre la protección del medio ambiente. La consagración de este principio se produjo en 1992 en la Conferencia de Río sobre el medio ambiente y el desarrollo, durante la que se aprobó la Declaración de Río, en cuyo principio 15 se indica: «Con el fin de proteger el medio ambiente, los Estados deben aplicar ampliamente las medidas de precaución conforme a sus capacidades. Cuando haya peligro de daño grave o irreversible, la falta de certeza científica absoluta no debe utilizarse como razón para postergar la adopción de medidas efectivas para impedir la degradación del medio ambiente

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El bien interno de la prevención de riesgos laborales

Dentro de los distintos modelos teóricos que nos pueden servir como guías para orientar la práctica y la investigación en materia de seguridad y salud laboral, el modelo psicosocial ha llamado mi atención por su potencialidad copernicana para entender la prevención de riesgos laborales de otra manera y con mayores cotas de éxito.

Incorporando una serie de conceptos nuevos al modelo, exportados de la filosofía, como el de práctica,[i]bien interno o autonomía, podremos huir de la simplicidad mecanicista que propone la tradición racionalista dominante hacia la complejidad, donde encuentra un acomodo perfecto el bien más característico de la seguridad y la salud, la protección de la salud de los trabajadores.

[i][i] “Por <<práctica>> entenderemos cualquier forma coherente y compleja de actividad humana cooperativa, establecida socialmente, mediante la cual se realizan los bienes inherentes a la misma mientras se intenta lograr los modelos de excelencia que le son apropiados a esa forma de actividad y la definen parcialmente, con el resultado de que la capacidad humana de lograr la excelencia y los conceptos humanos de los fines y bienes que conlleva se extienden sistemáticamente.” MacIntyre, A. Tras la virtud, Crítica, Barcelona 1987. Trad. Amelia Valcárcel. P. 233.

Definir la seguridad y salud laboral como una <<práctica>>, en el sentido que proponemos, nos permitirá, en primer lugar, incorporar a su ámbito fenoménico la complejidad;[i] es decir, la visión humanística y hermenéutica que el modelo psicosocial pretende ofrecer a la seguridad y la salud laboral para que ésta encuentre su campo propio de acción e investigación, separado de la ingeniería o la medicina.

En segundo lugar, esta idea de <<práctica>> nos hará caer también en la cuenta de que existe un bien inherente a la misma (bien interno), el cual nos permitirá fundamentar la idea del prevencionista, como un profesional con una función única, diferente de otros profesionales (el médico, el ingeniero, el psicólogo, etc.), y con una vocación en la que la parte humanista se sobreponga a la tecnológica.

Pero para que propuesta preventiva tanga éxito, necesitamos de otro concepto extraído de la filosofía: el concepto kantiano de persona.[ii] Este concepto alude a la consideración de la persona como un sujeto autónomo. Un sujeto que es capaz de salir por sí mismo de la depresión de su salud, como el barón de Münchausen fue capaz de salir por sí solo del fondo del lago.

Esta idea de autonomía es la clave de la prevención que proponemos con nuestro modelo psicosocial para las empresas y organizaciones que tienen que vérselas con ambientes complejos y que en otros trabajos hemos denominado como responsividad preventiva. La idea tiene que ver con cierto tipo de organización, capaz de responder de forma inmediata y eficaz a los desafíos de esa realidad dinámica en la que se encuentra instalada. Esto quiere decir que la empresa para su supervivencia necesita ahora adaptar su organización a los cambios producidos en el entorno en el que se desenvuelve, pero no con la guía que proporciona cierta estructura física, sino a través de la respuesta autónoma de sus miembros componentes. En materia de riesgos laborales, esto supone disponer de una respuesta de seguridad activa en vez de reactiva, capaz de anticipar los riesgos que pudiera generar el entorno y llegado el caso, responder de forma rápida y segura. Esta capacidad de respuesta es lo que en alguna ocasión hemos llamado como responsividad preventiva. Si la responsabilidad preventiva es vista como la foto fija del comportamiento responsable de una empresa en prevención de riesgos laborales, o lo que es lo mismo, su plan de seguridad, la responsividad quiere referirse a cierto proceso de toma de decisiones, caracterizado por una actitud, proactiva y anticipativa, hacia las situaciones de riesgo con vistas a su prevención.[iii] Aquí no basta con hablar de los recursos, humanos y materiales, que tenemos y hacerles una foto, como hacemos en los tradicionales planes de prevención en los que se fundamenta la actual prevención de riesgos laborales, aquí se trata de hablar de actitudes y motivaciones; en definitiva de la capacidad de respuesta.

Conclusión

El trabajo ha puesto de manifiesto que la compleja realidad actual en la que se la juega la ciencia de la prevención de riesgos requiere atender más a la capacidad de respuesta que a los recursos disponibles y además, que el concepto de persona junto con la idea de <<bien interno>> deberá encontrarse en el substrato más profundo de la actividad del prevencionista que quiera orientar su práctica profesional con el modelo psicosocial que proponemos. En esta práctica destaca la visión humanística de un modelo con marcado carácter asistencial; contrapuesto a un modelo, todavía predominante, de marcado carácter tecnológico, en el que el profesional está más preocupado por el prestigio de su profesión y por su estatus que por las personas. El modelo humanista busca un profesional que no se contenta únicamente con dominar la técnica de su disciplina y que no puede sustraerse a la reflexión por el tipo de persona que debe formar la empresa o la organización. El sujeto autónomo se convierte en el elemento fundamental del otro lado de la práctica preventiva. De esta forma, El prevencionista deberá tratar a su cliente como un fin en sí mismo y no como un medio para desarrollar su ciencia, su habilidad: “Recordando en todo momento que quien cumple los objetivos, quien logra los resultados, es fundamentalmente aquel o aquella a quien van dirigidas las medidas preventivas. El prevencionista debe encargarse de sacar al otro de su minoría de edad en materia de prevención, pero siempre desde la libertad del que recibe la información, la formación o los materiales.

[i] Un conjunto <<de constituyentes heterogéneos inseparablemente asociados del que no se puede expulsar al ser humano. >> Morin, E., Introducción al pensamiento complejo, op.cit. p. 32.

[ii] Kant Immanuel, ¿Qué es la Ilustración? En Filosofía de la Historia, Fondo de Cultura Económica, Madrid, 1992. Trad. Eugenio Ímaz.

[iii] El término de responsividad en el que nos hemos basado es el siguiente: “La responsividad social de la empresa –como veremos más adelante- tuvo como consecuencia que se planteara como problema no tan solo lo que las empresas hacían, sino cómo orientaban su actuación y, por tanto, cómo podían estar atentas a las nuevas demandas sociales y anticiparse a ellas.” Lozano, Josep. M., Ética y Empresa, Trotta, Madrid, 1999, p.84. Trad. María Fernández.

 

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